Ayer

Por si me preguntan ayer te vi me salio una lagrima de recordar que tan felices eramos y en como gastábamos el tiempo en lo nuestro… se con certeza que eso nunca volverá. 

Pero ayer te vi y pude saborear tu labios sobre los míos sentir tu texturas y curvas en un momento me excite luego lo supere y seguí mi camino.

Pero por si preguntar te hice el amor mil veces en mi mente y en tu cuerpo otras mil.

Ayer te vi en mis sueños y es que ahí es donde debes estar.  

En mi ausencia,
El tiempo pasa más rápido.
El reloj no daña tus arterias.
La vida pasa.

Ivette Ramírez

Los grises

Dejáme por un momento en el espacio intermedio entre las calles.
Quiero saborear por última vez la carencia de toda razón-lógica-moral que me queda.
Saborear el sabor a vomito que debió haberme quedado.
Observar la decadencia de mi ser.
Tantas cosas que he deseado,
que he quemado,
quemado con tanto brillo,
me cegué en este período,
oscuro, vacío, perdido.
Quebré la cerámica de muchos corazones.
Rompí las cajas de confianza.
Boté las bases pintadas de sueños y deseos imaginados.
Y ahora,
en la ciudad,
las luces se mueven de tal manera que no quiero verlas más.
Las extrañaré.
Lo sé.
Pero sé también
que debo irme.
Caminar más kilómetros de los recorridos anteriormente.
Despedirme de las caras vacías, de datos que no conozco tanto.
De las vidas que nunca conocí en realidad,
de las fotos que se desvanecen.
Debo aceptarte.
Aceptarte como un camino.
Un paso.
Un lado.
Caben las emociones ahora.
Quieren seguir teniendo espacio dentro.
Deben salir los negros,
los grises,
Entrar los verdes,
el verde.
Ese verde sonrisa,
Aquí viene, tomando mi cuerpo,
cerrando mis ojos,
Aquí viene finalmente,
en torbellinos calientes,
rodeándote,
Es en tus ojos donde quiero estar.
Es en tu mirada donde quiero vivir.
Todo lo que no dije antes,
Todo lo que quiero lograr con el miedo profundo dentro de mí,
pero aquí viene,
llevándome,
Aquí viene empujándome,
a maravillarme con la vida,
No quería ser,
ni estar, 
¿Cómo has logrado abrirme de nuevo?
Aquí viene de nuevo,
este sentimiento del que me he dado cuenta recién,
que no quiero soltar,
aquí viene.
Quiero cerrar mis ojos.
Y vivir,
vivir en tu sonrisa,
en tu pecho,
vivir en tus manos,
en tus orejas,
Quiero vivir en tu cabello,
en tus labios.
Soñar,
Soñar de nuevo,
olvidar,
de una vez.
Aquí viene. 
Aquí viene finalmente,
en torbellinos calientes,
rodeándome,
Es en tus ojos donde quiero estar.
Es en tu mirada donde quiero vivir.
Aprender,
aprender de nuevo,
a perdonar,
perdonarme,
perdonarte,
pedir perdón,
Desde cero. 

Y vivir,
vivir en tu sonrisa,
en tu pecho,
vivir en tus manos,
en tus orejas,
Quiero vivir en tu cabello,
en tus labios.

Sueño…

Los días no son más que las ganas constantes de dormir.

En un sueño que dure justo lo mismo que los días.

Las horas no son más que los pensamientos recurrentes 

que no existan más horas.

Que los minutos duren segundos.

Que el tiempo sea controlable.

Pueda detenerse.

Pueda borrarme en un error de su ciclo.

Que en un soplido, el viento pueda desvanecer mi memoria.

Que los árboles puedan deshojar mi mente.

Y vaciarla.

Que la luz ilumine otro camino, con otro nombre y otro apellido.

Que el dolor que pulsa en mis venas se convierta en agua,

agua limpia, potable, lista para alguien más.

Descargas de energía que en un momento dejarán de palpitar.

La ausencia de la razón, de la confianza, del ser,

Que la noche oscura olvide mi sombra, 

Que el sol del día no descubra lo pasado.

Las nubes ilustren de vez en cuando mi sentir.

Que el valor real de las estrellas en mis ojos sea 

encontrado antes que caiga la lluvia fría.

Que los grises reinen por la temporada de mayo,

Que las alas de papel y tinta china se decoloren con el paso

del calendario perfumado de sabores dulces y amargos.

Que de una vez, mis palabras, dejen de escribirse.

Que mi voz se coma por dentro.

Que mis manos sean débiles.

Que pueda dormir.

Segundos.

Minutos.

Horas.

Días.

Tiempos.

Que si te extrañe no; solo fortalecí todo mi amor hacia a ti.

Ivette Ramírez